Diciembre 16, 2023

COP28

Venta de clima al mejor postor y artilugios de alto riesgo

Compartimos dos textos de análisis de Silvia Ribeiro sobre la COP28, publicados en La Jornada, México.

 

Venta del clima al mejor postor

 

Del 30 de noviembre al 12 de diciembre sesiona en Dubái la COP28, otra ronda de negociaciones de Naciones Unidas sobre cambio climático. El contexto global es grave: guerras que no cesan y genocidio en curso en Palestina, al tiempo que se multiplican los fenómenos climáticos extremos con grandes inundaciones y largas sequías, falta de agua, pérdida de cultivos, devastación de ecosistemas como corales y otros. Algunos de esos eventos son debidos a fenómenos climáticos preexistentes como El Niño, pero el aceleramiento del calentamiento global lo empeora todo. El huracán Otis en Guerrero mostró trágicamente esa multiplicación de impactos.

   En la COP28 se espera se concretice, justamente, el funcionamiento de un fondo para pérdidas y daños por impacto del cambio climático. Pero al igual que el tema general de financiación, será una batalla que obtenga recursos y que no signifiquen aumentar la deuda externa de los afectados. Los países y empresas que son causantes principales del caos climático, no aportan ni la limitada suma que comprometieron hace más de una década, mientras su deuda climática por daños e impactos del cambio climático se estima llegará a 170 billones de dólares en 2050.

   Explico esto con más detalle en un artículo anterior (Injusticia climática creciente, https://tinyurl.com/n3zbaz3b).

Agregado al injusto reparto de quien causa y lucra, y quien sufre los daños del caos climático, están en discusión las condiciones para avanzar un nuevo mercado de carbono global, que sumará nuevas inequidades y problemas, sobre todo a las comunidades más afectadas. Los mercados de carbono que existen hace un par de décadas, voluntarios o regulados por estados, no han servido en nada para detener el cambio climático, al contrario, el aumento de emisiones desde entonces ha sido exponencial.

   Para explicarlo en términos muy generales: cada tonelada de carbono emitida que se compensa, equivale a un crédito. Al darles una equivalencia financiera (crédito o bono) son comerciables y allí entran en todos los problemas de los mercados financieros: especulación, reventa por más valor en mercados secundarios, inexistencia de las bases que se supone generan créditos, etcétera.

Se usan a su vez para justificar aumentar las emisiones de carbono con supuestas compensaciones, pagando en otras áreas o países que absorberían ese carbono. El ejemplo más extendido es con bosques, pero esas áreas en general ya estaban cumpliendo su función reguladora del clima, agua, temperatura, etcétera, por lo que se transforma en un perverso ejercicio de pagar algo que no cambia en nada la realidad, para justificar seguir causando el cambio climático.

   Para colmo, son créditos transables y su reventa significa un negocio adicional para los contaminadores. Este año se han publicado varios reportes sobre extensos fraudes con créditos de carbono y muchos casos de violaciones a derechos humanos, derechos indígenas e incluso violaciones sexuales sistemáticas en zonas dedicadas a compensaciones de carbono (https://tinyurl.com/2ts24ajs).

¿Qué podría ser peor? Un mercado de carbono mucho más amplio, que legalice el uso de más ecosistemas para compensar, que convierta en mercancía los suelos agrícolas y que otorgue créditos de carbono por aplicar riesgosas tecnologías de geoingeniería para remoción de carbono de la atmósfera.

   Eso es lo que está en juego en las negociaciones sobre el artículo 6 del Acuerdo de París sobre cambio climático en la COP28. El artículo trata cómo negociar, intercambiar o compensar emisiones, no sobre reducir emisiones. Es el artículo preferido de las trasnacionales petroleras y otras grandes industrias causantes del cambio climático. Shell aseguró incluso a la prensa que habían tenido un papel importante en su redacción (https://tinyurl.com/2dxtpcm9).

   El artículo 6.2 trata de intercambios entre países a través de los llamados resultados de mitigación transferidos internacionalmente (ITMO, en inglés). Por un precio, un país puede transferir a otro, una cuota de emisiones que supuestamente no usa o que compensa. Para ello el convenio establecerá un registro internacional. El artículo 6.4 trata directamente del establecimiento de un mercado de carbono entre actores privados y/o países. Uno de los aspectos más graves y controvertidos de ese artículo es el concepto de remoción de carbono de la atmósfera (removal, en inglés, a veces mal traducido como eliminación), que genera un nuevo negocio, no de compensación, sino de remoción, algo que de ninguna manera está probado que funcione en forma permanente y que conlleva muchos riesgos ambientales e impactos a las comunidades. Entre los métodos biológicos de remoción se pretende incorporar suelos agrícolas, manglares, turberas, cultivo masivo de algas y otros. También técnicas de geoingeniería terrestre y marina, como captura y almacenamiento de carbono, captura directa de aire, grandes plantaciones de biomasa y bioenergía, alcalinización y fertilización de los mares. El artículo 6.8, que se supone serían intercambios no monetarios también es problemático, ya que está creando una nueva era de cambios de deuda por naturaleza.

Como explican Tamra Gilbertson y Tom Goldtooth de la Red Ambiental Indígena, el artículo 6 del Acuerdo de París es una bomba contra los derechos de las comunidades y la naturaleza que urge desarmar (https://tinyurl.com/bdcm6d7u).

*Silvia Ribeiro es investigadora del Grupo ETC

Publicado en La Jornada, México, 2 de diciembre de 2023

 

 

 

COP28: artilugios de alto riesgo

 

La recién finalizada conferencia de la ONU sobre cambio climático en Dubái, Emiratos Árabes Unidos (COP28), es quizá uno de los ejemplos más perversos de discursos grandilocuentes que parecen dirigidos a atender el problema que las reúne –en este caso la crisis climática–, pero en realidad afirman lo opuesto. Nombran que se debería hacer una transición para dejar los combustibles fósiles, pero en lugar de una decisión que comprometa a los países más contaminantes a reducir sus emisiones, se hace un llamado general a una transición ordenada y a la neutralidad climática, es decir, no a reducir a cero las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), sino a llegar al llamado cero neto en 2050, que significa de facto seguir aumentándolas con medidas que supuestamente las compensarían. Ahí está uno de los mayores peligros: la falacia de que tal compensación es posible, lo cual no es verdad. Para peor, en esta COP se pide, además, acelerar y apoyar con fondos públicos el despliegue de fuentes de energía y tecnologías fallidas o no probadas, todas de alto riesgo, como la energía nuclear, los combustibles con hidrógeno, la captura y almacenamiento de carbono y otras formas de geoingeniería.

   Se incluye al gas como combustible de transición para dejar el petróleo, cuando es igualmente un combustible fósil causante del calentamiento global. Se nombra la necesidad de ir hacia la eliminación de los subisidios ineficientes a los combustibles fósiles, un adjetivo que da para cualquier interpretación y para seguir manteniendo el colosal subsidio público al petróleo, que a nivel global llegó a más de 7 billones de dólares anuales el año pasado (http://tinyurl.com/4hshy5tw).

   Pese a ser la 28ª Conferencia de las Partes del Convenio Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático, es la primera vez que se incluyen en las decisiones las palabras combustibles fósiles. Un hecho absurdo, porque la crisis climática se trata de eso: calentamiento global por la emisión de GEI debidos a la expansión de modelos de producción y consumo masivos basados en combustibles fósiles: petróleo, gas y carbón. Crisis que ha beneficiado a algunos pocos países del Norte global y un centenar de empresas contaminantes en desmedro del resto del mundo. ¿Por qué ahora sí se nombra? Se puede pensar que por los daños que ha provocado ya es un hecho inocultable. Una respuesta más acertada es que las decisiones tomadas no cuestionan que se siga con el mismo modelo e incluso se aumente la explotación de combustibles fósiles mientras se compensen las emisiones, legitimando así fuentes de lucro adicional para los mismos contaminadores.

   La tecnología de captura y almacenamiento de carbono (CCS, por sus siglas en inglés) es un claro ejemplo de esto y fue un tema central en la COP28. Es una tecnología inventada por la industria petrolera para acceder a reservas profundas de petróleo, inyectando dióxido de carbono concentrado a presión para empujar el crudo a la superficie. Se le llamó originalmente recuperación mejorada de petróleo (EOR o Enhanced Oil Recovery). (https://tinyurl.com/3fe35wny).

   La industria no la desarrolló a gran escala por sus altos costos y demanda energética. También han tenido diversos problemas, como pérdidas del gas, que concentrado es tóxico. Rebautizada ahora como tecnología climática y vendida como captura y almacenamiento de carbono, va por subisidios públicos y créditos de carbono, lo cual les financiaría las inversiones y les permitirá extraer más petróleo. De las instalaciones de CCS que existen, las tres cuartas partes son para EOR, es decir, para extraer más petróleo. Hay numerosos estudios que denuncian sus fallas e inviabilidad energética, climática y económica. Un estudio reciente de la organización Climate Analytics muestra que confiar en CCS para salir del petróleo, podría emitir más de 86 mil millones de toneladas de dióxido de carbono adicionales hasta 2050 (https://tinyurl.com/2tzchk4s).

   Un reporte de CIEL documentó que en la COP28 participaron 475 cabilderos de la industria especializados en captura y almacenamiento de carbono (https://tinyurl.com/46k9u9ca).

   Cada vez que en los textos de la COP28 se nombra dejar los combustibles fósiles, se agrega el adjetivo “ unabated”, es decir combustibles que no han sido abatidos o reducidos, refiriéndose a CCS y otras técnicas de geoingeniería como captura directa de aire y bioenergía con CCS.

   Muchos estudios, y sobre todo la realidad, muestran que basarse en estas tecnologías aumentará las emisiones GEI y agregará nuevos riesgos. Le llaman transición para dejar el petróleo, cuando en realidad va a empeorar la crisis climática, pero es un gran negocio para los contaminadores.

   No obstante el número de cabilderos, no lograron avanzar en los nuevos mercados de carbono, especialmente a través del artículo 6 del Acuerdo de París. Continuaron las protestas desde la sociedad civil y nuevamente las negociaciones debieron ser pospuestas.

Mientras tanto, las protestas contra el genocidio en Palestina se repitieron durante toda la conferencia, dentro y fuera de salas de negociación. Además de un crimen de lesa humanidad, es también una fuente enorme de emisiones de GEI al igual que la guerra en Ucrania y todas las guerras.

*Silvia Ribeiro es investigadora del Grupo ETC

Publicado en La Jornada, México, 16 de diciembre de 2023