Enviado por Ronnie Hall el
En la 17.ª reunión de la Conferencia de las Partes (COP17) en el Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB), que se celebrará en Ereván, Armenia, del 19 al 30 de octubre de 2026, los gobiernos adoptarán decisiones que podrían reconfigurar profundamente la gobernanza internacional de la biología sintética. En el centro de las negociaciones se encuentra la propuesta de un Plan de Acción Temático (TAP), un marco destinado a orientar la creación y el desarrollo de capacidad, la transferencia de tecnología, la investigación, el intercambio de conocimientos y la regulación en este ámbito en rápida expansión.
Los países en desarrollo tienen necesidades urgentes y legítimas de financiación, conocimientos científicos, tecnología, infraestructuras y capacidad regulatoria para proteger la biodiversidad y ejercer un control soberano sobre las tecnologías emergentes. Sin embargo, estas necesidades no deben utilizarse para encauzarlos hacia programas de investigación impulsados por donantes, plataformas propietarias o alianzas comerciales que generen nuevas dependencias. La creación y el desarrollo de capacidad deben reforzar la evaluación independiente, la bioseguridad, la regulación, el seguimiento, la responsabilidad y la facultad de rechazar estas tecnologías, y no preparar el terreno para la incorporación y el despliegue de la biología sintética.
Lo que está en juego exige una respuesta urgente. En lugar de hacer frente a los factores estructurales que impulsan la pérdida de biodiversidad, entre ellos la agricultura industrial, el extractivismo, la concentración corporativa, la contaminación, la destrucción de hábitats y la desposesión, el Plan de Acción podría desviar unos recursos públicos ya escasos hacia soluciones tecnológicas que dejan intactos estos sistemas destructivos. Existe el riesgo de que confiera legitimidad, financiación y respaldo institucional a la biología sintética como «solución» para la biodiversidad antes de que se hayan resuelto cuestiones fundamentales relacionadas con los daños ecológicos, los derechos, la soberanía, la responsabilidad y el control corporativo. Impulsada por la digitalización, la inteligencia artificial y las plataformas propietarias, la biología sintética podría profundizar la apropiación de la vida, facilitar la apropiación de recursos genéticos y conocimientos tradicionales y socavar aún más la soberanía alimentaria y de las semillas.
Este documento informativo identifica las salvaguardas que los gobiernos y la sociedad civil deben defender con urgencia y las vincula directamente con las disposiciones controvertidas del texto de negociación. Su mensaje es inequívoco: el CDB no debe convertirse en un instrumento para normalizar y financiar la ingeniería de la vida. La gobernanza de la biodiversidad debe salvaguardar la precaución, la rendición de cuentas democrática y el derecho soberano de los países y las comunidades a evaluar, regular y rechazar estas tecnologías, al tiempo que orienta los recursos hacia la agroecología, la conservación liderada por las comunidades y otras respuestas determinadas a nivel local que aborden las causas profundas de la pérdida de biodiversidad.
Este documento informativo fue elaborado mediante un esfuerzo conjunto del Centro Africano para la Biodiversidad, la Red del Tercer Mundo, EcoNexus, Amigos de la Tierra EE. UU., ETC Group, Sociedad para el Desarrollo Internacional (SID), Alianza Biodiversidad y POLLINIS.
Arte de portada: She Who Holds de Hlavutelo Ngobeni
Foto: Tom Mesic/Ars Electronica, Flickr
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