Abril 13, 2026

ARIA: La controvertida agencia británica de tecnologías de alto riesgo

Resumen
Advanced Research and Invention Agency (ARIA) report front cover

En 2025, los responsables políticos y la sociedad civil de todo el mundo se sorprendieron al enterarse de que una nueva agencia de “alto riesgo y alta rentabilidad” subvencionada por el gobierno del Reino Unido estaba empezando a financiar experimentos de geoingeniería solar a cielo abierto, a pesar de que esto va directamente en contra de las moratorias y normas internacionales acordadas. La geoingeniería se refiere a las técnicas de manipulación intencional del clima. Decidimos investigar más a fondo.

 

 

El dinero de los contribuyentes para tecnologías riesgosas 

La Agencia de Investigación e Invención Avanzadas del Reino Unido (ARIA, por sus siglas en inglés), que fue creada por medio de una ley específica del Parlamento en 2022 y entró en funcionamiento en enero de 2023, ya desató una bonanza de regalías de mil millones de libras, con dinero de los contribuyentes británicos, para ejercerse en los próximos cinco años. Su portafolio incluye propuestas de “tecnología profunda” (deep tech) en geoingeniería, ingeniería genética/biología sintética, tecnología cerebral, automatización e inteligencia artificial —áreas de investigación tecnológica de alto riesgo que hace apenas unos años estaban relegadas a la ciencia ficción.

 

 

Regreso a la “grandeza científica" victoriana 

ARIA se diferencia de otras iniciativas en que tiene un estilo y nivel de financiamiento público tremendamente ambiciosos. Aunque las comunicaciones de ARIA no dicen explícitamente “extrañamos el Imperio Británico y lo queremos de vuelta”, la agencia se inspira en la búsqueda de un “progreso” al estilo victoriano y trabaja para reavivar una era de “grandeza científica" e industrial británica supuestamente perdida, reinventando al Reino Unido como una “superpotencia científica” global. El enfoque de ARIA consiste en empoderar a “genios” individuales y a actores científicos solitarios para que “ataquen” los problemas, aparentemente sin importar los daños colaterales o la complejidad social, con la esperanza de que aporten de forma unilateral soluciones milagrosas brillantes y con mucho potencial comercial.

 

 

Sin supervisión democrática ni transparencia 

ARIA ignora el principio de precaución, las normas sobre conflicto de intereses y la libertad de información. Además de romper sin reparos las normas de precaución más fundamentales, ARIA ha quedado deliberadamente exenta de un elemento clave del escrutinio público: la Ley de Libertad de Información del Reino Unido. Con ARIA se están financiando propuestas industriales que normalmente se considerarían conflictos de interés. La agencia cuenta con amplios poderes para aceptar o tomar prestados diferentes tipos de fondos y obsequios, adquirir terrenos y constituir empresas. Además, las decisiones de financiamiento de ARIA no requieren revisión por pares y la agencia está protegida legalmente contra su disolución por parte del gobierno del Reino Unido durante diez años. Todo esto plantea enormes preocupaciones de rendición de cuentas en una institución que maneja mil millones de libras del dinero de los contribuyentes en tecnologías de alto riesgo.

 

 

La ideología libertaria conservadora de Estados Unidos tras la bandera ¿británica? de ARIA

ARIA se enorgullece de revolucionar el conservador establishment científico británico al adoptar el fundamentalismo de libre mercado de Silicon Valley y la filosofía despreocupada de “muévete rápido y rompe cosas”. ARIA fue concebida por un excéntrico y muy controvertido nacionalista pro-Brexit, Dominic Cummings, que trabajaba bajo las órdenes Boris Johnson cuando era primer ministro, quien buscaba vincular el futuro de Gran Bretaña al “dinamismo industrial" del sector tecnológico estadunidense impulsado por multimillonarios.

 

Miembros del equipo directivo, del consejo de administración y del grupo de asesores de ARIA son estadunidenses o mantienen estrechos vínculos con Silicon Valley. Por ejemplo, la recién nombrada directora ejecutiva de ARIA, Kathleen Fisher, que anteriormente trabajó en DARPA (la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzados de Estados Unidos); el presidente del consejo de administración, el empresario británico Matt Clifford (que trafica relaciones con Silicon Valley y con el gobierno del Reino Unido); los asesores Patrick Collison de Stripe, Arun Majumdur de ARPA-E, Katie Rae de Engine Ventures, Özlem Tureci de BioNTech y “socios de activación” como Google DeepMind y Renaissance Philanthropy.

 

La agencia también está estrechamente vinculada a una red de multimillonarios tecnológicos, libertarios y transhumanistas, en su mayoría de Estados Unidos, que están construyendo un nuevo “movimiento por el progreso” de raíces conservadoras, entre los que se encuentran Peter Thiel y Tyler Cowen.

 

 

Las investigaciones de ARIA normalizan el uso de tecnologías peligrosas, como la geoingeniería

ARIA tiene previsto invertir 56.8 millones de libras (alrededor de 75 millones de dólares estadunidenses) en un programa multianual de geoingeniería solar, que incluye cinco experimentos a cielo abierto. El anuncio de este plan causó conmoción y sorpresa en todo el mundo cuando se dio a conocer a inicios de 2025, en parte porque parece poner al gobierno del Reino Unido en violación de la moratoria internacional vigente sobre la investigación en geoingeniería solar, como establece el Convenio sobre la Diversidad Biológica de las Naciones Unidas desde 2010. Destacados científicos climáticos señalaron que dicha moratoria es el mayor compromiso de parte de los gobiernos para no realizar investigación sobre la “gestión de la radiación solar” y advirtieron que “el programa ARIA constituye una nueva escalada en el empeño por normalizar este peligroso conjunto de tecnologías”.[1]

 

 

Veredicto de ETC: ARIA entrega los recursos públicos de Gran Bretaña a una broligarquía tecnológica

que sirve a los intereses de Estados Unidos

A los dirigentes de ARIA les gusta proyectar una imagen de empresa atrevida y segura de sí misma, concebida en términos patrióticos y “anglofuturistas”: audaz, con visión de futuro, “orientada al movimiento” y experimental. La verdad profunda es sin embargo más desesperada y transaccional. ARIA puede tener menos que ver con la promoción de la ciencia y la tecnología y estar más en línea con el proyecto geopolítico de su fundador ideológico, Dominic Cummings: realinear la economía británica con los intereses del capitalismo estadunidense. ARIA busca facilitar un atractivo espacio de juego —patrocinado por los contribuyentes— para los inversionistas tecnológicos estadunidenses y que nazca “Reino Unido S.A.” Para ello quieren ganarse el favor de las élites de Silicon Valley, que tienen en la mira a la economía global, y de paso, “jugársela” en la inversión tecnológica.

 

El gobierno británico tiene por estrategia adular a los tecno-amigos de la administración Trump con lujosas cenas de Estado y lograr “acuerdos de prosperidad tecnológica” diseñados con inteligencia artificial. Están decididos a dejar de lado tanto la transparencia como el principio de precaución y a borrar otras molestas líneas éticas de buena gobernanza científica. ARIA podría ser simplemente otra forma de entregar los recursos públicos británicos después del Brexit a una broligarquía tecnológica que sirve a los intereses de Estados Unidos, en una lucha desesperada por conservar un lugar en la mesa.

 

Sin embargo, las “soluciones” de “tecnología profunda” que ARIA se propone impulsar a toda velocidad pueden socavar los derechos humanos y la integridad de los ecosistemas, especialmente si se desarrollan como parte de una búsqueda desenfrenada de capital, y podrían incluso (como en el caso de la investigación en geoingeniería) acelerar la transgresión de los límites planetarios. Esto es todo lo contrario del “progreso” que las personas y el planeta necesitan con urgencia.

 

ETC denuncia ARIA para que movimientos y sociedad civil organizada estemos alerta sobre este modelo de negocios que utiliza la ideología de que la ciencia e innovación resolverán todas las injusticias históricas y estructurales, y que lo necesario es entregarles dinero público y voto de confianza a sus propuestas riesgosas y despreciativas de la naturaleza y la humanidad.

 

El informe completo se puede consultar en inglés en la página del Grupo ETC, www.etcgroup.org.




[1] Prof. Raymond Pierrehumbert, Prof. Mike Hulme, Prof. Peter Newell y Prof. Andy Stirling (2025b), ARIA’s ‘Exploring Climate Cooling’ folly: https://www.solargeoeng.org/arias-exploring-climate-cooling-folly/